A veces, en nuestras familias, hay silencios que pesan. Son esos nombres que ya no se mencionan o historias que se guardaron bajo llave porque «estaba mal visto». Sin embargo, en el alma de una familia, nadie puede ser borrado. Cuando excluimos a alguien —ya sea consciente o inconscientemente—, ese vacío busca ser llenado por las nuevas generaciones a través de bloqueos, enfermedades o repeticiones. Estos «personajes» olvidados pueden ser muchos:
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Los que no llegaron a nacer (duelos no realizados).
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Quienes cometieron errores considerados graves por el resto.
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Los yernos o nueras que nunca fueron aceptados.
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Los valientes que se alejaron para vivir su amor, desafiando la voluntad de los patriarcas.
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Quienes vivieron su sexualidad fuera de las normas de su época.
Te invito a mirar tu sistema con ojos de amor: ¿Quiénes forman parte de este grupo en tu historia?
No necesitas juzgar lo que hicieron, solo reconocer que pertenecen. Para sanar, puedes enviarles una vibración de inclusión desde tu corazón. Un ejercicio sencillo y poderoso es encender una velita para darles un lugar simbólico en tu hogar.
Frase para sanar:
«Todos cuentan en mi sistema familiar. Honro sus destinos, por difíciles que hayan sido».
Hablar con nuestros hijos y nietos sobre los que estuvieron antes es vital. Al contar sus historias sin juicios, evitamos que las siguientes generaciones tengan que «compensar» lo no resuelto. Al final, comprender que todos forman parte —hayan hecho lo que hayan hecho— es lo que nos devuelve el equilibrio y la paz.
Alexandra Sánchez
Máster en Intervención Psicológica
Consteladora familiar – BioNeuroCoach
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LOS EXCLUÍDOS DEL SISTEMA FAMILIAR




