LA BIOLOGÍA DE LA CREENCIA

TUS PENSAMIENTOS  TRANSFORMAN TU ORGANISMO

La nueva ciencia Epigenética

El término Epigenética, acuñado por Conrad Hal Waddington   y ampliado recientemente por multitud de biólogos celulares (entre los que destaca el famoso Bruce Lipton), se refiere al estudio de las interacciones entre los genes y ambiente.

La epigenética nos muestra que el ADN no determina el comportamiento celular. Son las proteínas quienes, en función de las señales ambientales y nuestra percepción e interpretación de las mismas, gobiernan las funciones de la célula. Como si de directores de orquesta se tratara, el movimiento de las proteínas administra el movimiento celular que rige nuestras funciones orgánicas. Nuestra biología se adapta a la información ambiental que penetra por nuestros sentidos y a la interpretación que nuestra mente hace de esa información, es decir, lo que pensamos acerca de lo que nos pasa. En un ambiente tóxico, las células enferman y mueren. No están orgánicamente enfermas ni determinadas por el ADN, sino que enferman como respuesta a un entorno insano o una percepción insana del entorno.

Cuando nuestras células no funcionan correctamente, nuestro cuerpo manifiesta síntomas. Los síntomas son indicadores biológicos de que algo no anda bien con el comportamiento celular. No son el problema, sino que simplemente nos avisan del verdadero problema: la presencia de señales de amenaza (bioquímicos tóxicos o contenidos mentales tóxicos) que provocan una detención de nuestras funciones de crecimiento psicobiológico.

 

La biología de la creencia y el poder de la intención

El sistema nervioso es el mediador entre las señales ambientales y el comportamiento celular. Podríamos decir que es el árbitro que decide qué mecanismos biológicos activar o desactivar. Conforme a su decisión, el organismo libera los bioquímicos apropiados, que se comunican con las proteínas y les indican cómo orquestar el movimiento celular, las funciones de la vida.

Este árbitro solo puede tomar dos decisiones: protección o crecimiento. Ambos modos de nuestro sistema nervioso, simpático y parasimpático no pueden operar al mismo tiempo. Estamos en protección o estamos en crecimiento.

El árbitro decide, pero no interpreta. ¿Quién interpreta? La interpretación de las señales ambientales es trabajo de la mente. Nuestras creencias, alojadas en nuestra mente inconsciente, modifican nuestra percepción. La forma en que percibimos lo que nos sucede, nuestra interpretación subjetiva y nuestros pensamientos, le sirven al árbitro para decidir si debe activar el mecanismo de protección o el mecanismo de crecimiento.

 

Cuando pensamos que el entorno contiene amenazas (cuando nos hallamos bajo estrés, miedo, ansiedad o depresión) activamos el modo de protección, el sistema nervioso simpático. Todas nuestras funciones de crecimiento orgánico se detienen al instante, y también se detienen todos nuestros procesos cognitivos superiores. Las hormonas del estrés y los agentes inflamatorios -tales como el cortisol, la epinefrina, las citoquinas o la histamina- invaden nuestro sistema, detienen el crecimiento biológico y debilitan el sistema inmune. Mantenernos en este modo de lucha o huida por períodos demasiado dilatados es realmente peligroso. Para conservar nuestra salud necesitamos reemplazar cientos de miles de millones de células diariamente. Si estamos constantemente en protección, esto no sucederá. El resultado: desequilibrio y enfermedad.

 

Cuando nos sentimos seguros, nuestro sistema nervioso activa el modo de crecimiento, también llamado Respuesta de Relajación o sistema nervioso parasimpático. La sangre comienza a fluir abundantemente en el torso y la cabeza, donde se encuentran nuestros órganos y todas nuestras funciones de crecimiento. Liberamos bioquímicos como la dopamina, la oxitocina, la vasopresina y la hormona del crecimiento, que realzan nuestra salud. Nuestro cuerpo mantiene su integridad, nuestras células se dividen con normalidad y todas nuestras funciones orgánicas operan óptimamente.

El origen de nuestra percepción, la interpretación de la mente se halla en nuestro sistema de creencias. Y los pensamientos que nuestras creencias generan y sostienen están íntimamente conectados con nuestra biología, nuestra genética y nuestro comportamiento celular. Cuando la creencia cambia, la percepción también cambia; cuando la percepción cambia, los pensamientos cambian, y las respuestas neuroquímicas se transforman. La mente le dice a nuestra biología lo0 que está pasando en el mundo   y cómo debe cambiar para ajustarse a los eventos que enfrentamos.

Mente consciente, mente inconsciente

Consciente e inconsciente son partes interdependientes de la mente que poseen diferentes formas de aprender y operar.

La mente consciente es el resultado de la evolución más reciente del cerebro, la corteza prefrontal. Es la mente creativa e imaginativa que contiene nuestros deseos, anhelos y aspiraciones en la vida. Si alguien te pregunta: “¿qué quieres en la vida?”, tu respuesta viene de tu capacidad de imaginar y crear conscientemente estas imágenes del futuro deseado.

La mente inconsciente representa nuestros hábitos, programas y patrones. Por ejemplo, aprendemos a caminar a través de experiencia y repetición, pero una vez que hemos instalado este programa, se convierte en un hábito dirigido por la mente inconsciente. Cuando aprendemos un hábito, la mente inconsciente se encarga de reproducirlo de forma automática y reactiva sin que debamos pensar en ello, lo que nos ahorra tener que aprenderlo una y otra vez. Fundamentalmente, la mente inconsciente es nuestra mente programada, y posee un tremendo potencial para grabar/descargar todo tipo de programas, especialmente durante la primera infancia. Nuestras creencias son también parte de esta programación inconsciente.

Hoy sabemos que los programas negativos y redundantes afectan nuestra salud. Sin embargo, si la calidad de nuestros programas es pobre no debemos culpar a nuestra mente, sino a nuestros programas. Nuestra mente no es los programas que contiene. Podemos reescribir los programas que crean auto-sabotaje y malestar. Podemos cambiar nuestras creencias limitantes.

¿Cómo hacer esto? Si nuestros programas son el resultado de un hábito, y un hábito es el resultado de una repetición sostenida, la repetición consciente de acciones diestras y pensamientos expansivos nos permitirá crear nuevos hábitos mente-cuerpo que reemplacen a los viejos hábitos inconscientes. El primer paso es adoptar una actitud correcta y tener la clara intención de reprogramar nuestras creencias restrictivas a través de la práctica continuada. La resilencia abona el camino de transformación de nuestras interpretaciones mentales, nuestros procesos biológicos y nuestro comportamiento.

 

Reescribiendo nuestra biología

El hábito de la práctica introspectiva es una de las mejores formas de reescribir nuestra biología. Al enviar señales de calma y seguridad a nuestro sistema nervioso, activamos voluntariamente los mecanismos biológicos de crecimiento.

En su libro Relaxation Revolution el Dr. Herbert Benson, uno de los pioneros de la Medicina Mente Cuerpo y la Biología de la Creencia, comparte un fascinante estudio cuyos resultados demuestran que la mente puede influir en nuestra biología hasta el punto de modificar la expresión de nuestros genes y alargar el tamaño de nuestros telómeros 

Los protocolos del Dr. Benson  y su equipo  que realizó un  estudio, llevado a cabo en Harvard Medical School ofrecen evidencia irrefutable de que las prácticas introspectivas mente-cuerpo pueden  activar el interruptor que enciende y apaga la expresión génica asociada a salud y enfermedad. La mente puede influir en el cuerpo hasta el punto de sanarlo.

                             

Además, a medida que avanzamos en nuestra práctica introspectiva y nos volvemos íntimos con nosotros mismos, vamos viendo con claridad el sufrimiento que nos causamos. Poco a poco vamos comprendiendo nuestro dolor y nuestras desviaciones, y emerge en nosotros un entendimiento natural de las causas que nos han llevado hasta donde estamos. Cuando vemos nuestros patrones automáticos de comportamiento, nuestros pensamientos recurrentes, nuestras actitudes incorrectas, nuestras percepciones distorsionadas, nuestros bloqueos emocionales, nuestras desviaciones narcisistas y nuestros caprichos neuróticos, nos damos cuenta de que no somos eso que observamos y encontramos fortaleza interior. Vemos que son simplemente esquemas automatizados y restrictivos que crean desequilibrio y sufrimiento, y este conocimiento permite que nuestra capacidad de resilencia emerja de forma natural.

La práctica de la atención plena es fundamental para poder permanecer en contacto con nosotros mismos y conocernos. Cuanto más atentos estamos a nuestros propios hábitos, más claramente podemos ver y reconocer qué motivaciones nos hacen sufrir, y cuáles no. 

La atención directa a nuestra experiencia vital presente, el viaje de regreso a la esencia que yace en la morada interior, nos trae discernimiento, serenidad y equilibrio, autorregulando nuestra biología en tiempo real.

La práctica de la atención plena es un camino hacia el autodescubrimiento y el autodesarrollo, una vía de realización que nos libera de los modelos de pensamiento perniciosos y las conductas deshonestas, permitiéndonos regresar a un estado de equilibrio natural en nuestro cuerpo (homeostasis) y en nuestra mente (claridad).

 

Resumiendo

♦ Los genes no controlan nuestra biología. Nuestro comportamiento celular y nuestras funciones orgánicas dependen de las señales ambientales y de nuestra percepción de esas señales ambientales.

♦ Si percibimos amenaza, nuestras células enferman. En el momento en que cambiamos de entorno o modificamos la percepción de lo que sucede en el entorno, las células regresan a su estado original de crecimiento y salud.

♦ Nuestra percepción es dominio de la mente, y la forma en que la mente percibe depende de nuestras creencias, que básicamente son programas alojados en nuestro inconsciente.

♦ Los programas mentales, fijados a través de la repetición y la experiencia, pueden ser eliminados y/o reprogramados.

♦ El hábito de la practica introspectiva sostenido con una actitud resiliente, es una de las mejores formas de reescribir nuestra biología y regresar a un estado de funcionamiento óptimo en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Fuente: mindfulscience.es

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